¿Cuánto se tarda en llegar a Marte? Y por qué nadie ha ido

Más de una docena de máquinas han llegado a Marte y ninguna persona. No es por la distancia: es por el calendario y por el cuerpo. Esta es la historia del camino barato de media vuelta al Sol, de una puerta en el cielo que se abre y se cierra, de lo que la radiación le cobra a una tripulación y de lo más difícil de todo, que es volver.

Serie: Mundos del sistema solar · Documental de 20 min · Estrenado el 31 de octubre de 2026

Por S. Padilla · Sidera Cosmos · Publicado el 31 de octubre de 2026

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Una cuenta que nadie ha hecho en persona

Marte puede quedar a 55 millones de kilómetros. Curiosity recorrió diez veces más. Y en Marte todavía no hay ni una huella humana.

El disco entero de Marte sobre fondo negro, anaranjado y con manchas oscuras, con el casquete polar blanco abajo.
Fotografía en color natural del telescopio espacial Hubble, tomada con su cámara WFPC2 el 27 de agosto de 2003, cuando Marte pasó a unos 55 millones 800 mil kilómetros de la Tierra. Crédito: NASA, J. Bell (Cornell U.) and M. Wolff (SSI) (dominio público).

Haz la cuenta como si fueras tú. Despegas en la mejor fecha posible, rumbo a Marte. Seis meses dentro de una nave. Y llegas. Pero no puedes dar la vuelta: la puerta del regreso tarda más de un año en volver a abrirse.

Según el plan de la NASA, quien vaya a Marte pasará casi dos años y medio lejos de la Tierra. Cada mensaje suyo tardará en llegar a casa entre 3 y 22 minutos, según dónde esté Marte.

Desde 1965, más de una docena de máquinas han llegado hasta Marte. Personas, ninguna. Y no es por la distancia. Es por el calendario, y por el cuerpo.

Una distancia que no se está quieta

En agosto de 2003, Marte pasó más cerca de nosotros que en casi 60 mil años: a 55 millones 800 mil kilómetros. El telescopio espacial Hubble lo retrató casi en ese instante.

Pero no dura. La Tierra rodea al Sol en un año. Marte tarda casi dos, y su órbita está achatada. Unas veces se cruzan cerca. Otras, el Sol queda en medio, y Marte se va a 401 millones de kilómetros: más de siete veces más lejos.

El 31 de octubre de 2026, Marte está a unos 215 millones de kilómetros. Casi cuatro veces más lejos que aquel día del Hubble.

Un avión comercial tardaría 1 millón 200 mil años en cruzar un año luz. Hasta Marte, en su día más cercano, unos siete años sin escalas. En auto, a cien por hora y sin frenar, 62 años. A pie, 1 246.

Media vuelta al Sol

Y aun así, ninguna nave viaja a Marte en línea recta. Ni siquiera el día en que está más cerca. En palabras de la NASA, no se puede apuntar directamente al planeta rojo, porque se mueve alrededor del Sol mucho más despacio que la Tierra.

Una nave que despega ya viaja con la Tierra alrededor del Sol, y muy deprisa. No sale disparada hacia Marte. Sale a dar media vuelta al Sol, por una órbita estirada.

Esa órbita toca la de la Tierra en un extremo y la de Marte en el otro. La NASA la llama órbita de transferencia de Hohmann, y es la ruta que menos combustible gasta.

La nave tarda meses en esa media vuelta. Y Marte no la espera: sigue avanzando. Hay que despegar cuando Marte va unos 44 grados por delante, para que los dos lleguen al mismo punto el mismo día.

Por eso el camino es tan largo. Curiosity no recorrió 55 millones de kilómetros: recorrió 560 millones, en 253 días. No es la ruta más corta, ni la más rápida. Es la más barata. Y no está abierta siempre.

Una puerta cada veintiséis meses

Esa posición de 44 grados se repite cada 780 días. La NASA lo resume así: la oportunidad llega solo cada veintiséis meses.

Es una puerta. Se abre unas semanas, se cierra, y si la pierdes, esperas los veintiséis meses siguientes.

Por eso las naves a Marte salen en racimos. En julio de 2020 despegaron tres en once días: la de los Emiratos, la de China y Perseverance.

Un cohete blanco se eleva sobre una columna de humo entre torres de lanzamiento, con un gran edificio gris en primer plano a la derecha.
Fotografía del despegue del cohete Atlas V con Perseverance a bordo, el 30 de julio de 2020: una de las tres naves que salieron hacia Marte por la misma puerta de ese mes. Crédito: NASA/Frank Michaux (dominio público).

La puerta siguiente se abre a finales de 2026: según la NASA, la Tierra y Marte quedan alineados en noviembre. La sonda japonesa MMX despegó el 19 de octubre de 2026 (el 20, hora de Japón), rumbo a las lunas de Marte, dentro de esa misma ventana.

La NASA anunció que sus dos naves ESCAPADE, que esperan en el espacio desde noviembre de 2025, pasarán junto a la Tierra en noviembre de 2026 para lanzarse hacia Marte, con la llegada anunciada para septiembre de 2027. Ninguna de las tres lleva personas. Y a las pocas semanas de abrirse, la puerta vuelve a cerrarse.

Sesenta años de máquinas

La primera visita con éxito la hizo Mariner 4. Despegó en noviembre de 1964 y pasó junto al planeta en julio del año siguiente: 229 días. No frenó. Pasó a menos de 10 mil kilómetros de la superficie, tomó sus fotos y siguió su camino.

Pero esas fotos llegaron despacio: veintiuna y un pedazo de otra, de 200 por 200 puntos, más de ocho horas cada una entre bajar y procesarse. Diez días para tenerlas todas.

Los ingenieros no quisieron esperar. Imprimieron los números de la primera en tiras de papel, las graparon en una pared y las colorearon a mano, con pasteles de una tienda de arte.

Un panel apaisado de tiras de papel coloreadas en ocres, rojos y blancos, con marcas de retícula negras, dentro de un marco de madera.
Fotografía de una pieza de museo: la primera imagen de Marte enviada por Mariner 4, coloreada a mano en 1965 sobre las tiras con los números impresos y enmarcada en madera. Crédito: NASA/JPL-Caltech/Dan Goods (dominio público).

El viaje más corto de todos estos también fue de paso: Mariner 7, en 1969, 131 días. Pasar de largo es fácil. Lo difícil es frenar y quedarse.

Viking 1 se quedó. Despegó en agosto de 1975 y se posó el 20 de julio de 1976: siete años justos después de que el Apolo 11 se posara en la Luna.

Desde entonces, casi todas tardan lo mismo. Opportunity, 201 días; Perseverance, 203, y llegó en febrero de 2021; InSight, 205. Y Curiosity, con un pasajero muy especial a bordo, 253. En sesenta años, la ruta barata se ha acortado menos de un mes.

Por eso las tres naves de julio de 2020 llegaron casi juntas: la de los Emiratos el 9 de febrero, la de China el 10 y Perseverance el 18. Tres países, una sola puerta.

Pero llegar a Marte no está garantizado. En 2018, la NASA llevaba la cuenta de las misiones a Marte: 18 éxitos y 25 fracasos. Más de la mitad, perdidas.

Y la más famosa se perdió por las unidades. En 1999, un programa de tierra entregó a los navegantes los empujes del orbitador climático de la NASA en libras, no en newtons. En sus cuentas, cada empujón valía cuatro veces y media menos, y la sonda llegó demasiado baja: pasó a unos 57 kilómetros de altura, cuando el mínimo para sobrevivir eran 80.

A la británica Beagle 2, que debía posarse la Navidad de 2003, nunca se la volvió a oír. Once años después, una cámara en órbita halló lo que la NASA interpreta como sus piezas, con los paneles al menos en parte abiertos. Había llegado, y calló.

Lo que el viaje le cobra al cuerpo

Las que llegaron eran máquinas. Para un cuerpo, la NASA cuenta cinco peligros en el viaje a Marte: la radiación, el aislamiento, la distancia de la Tierra, la gravedad y un ambiente cerrado y hostil.

Curiosity no viajaba sola. Durante casi todo el crucero llevó encendido un detector de radiación, dentro de la nave, tras un blindaje parecido al que tendría una tripulación. Midió casi 2 milisieverts al día. Uno de los autores del estudio, Cary Zeitlin, lo tradujo así: como hacerse una tomografía de cuerpo entero cada cinco o seis días.

Seiscientos sesenta milisieverts: es lo que recibiría una tripulación solo en los viajes de ida y vuelta, con la propulsión que ya existe, sin contar el tiempo en Marte. Se publicó en la revista Science en 2013. Y el límite de la NASA para toda una carrera es de 600 milisieverts. El trayecto solo ya lo pasa.

Mientras tanto, el hueso que sostiene el peso se va: sin nada que lo evite, dice la NASA, pierde un 1 por ciento de densidad por mes. Las máquinas tardan unos siete meses; el plan tripulado, seis. Un 6 por ciento en la ida.

Y al llegar, el cuerpo no recupera su peso: Marte tira con tres octavos de la gravedad de la Tierra. Quien pese 70 kilos aquí pesaría allí unos 26. Y la NASA calcula que una tripulación viviría con esa gravedad hasta dos años.

El espacio también llega a los ojos: en misiones largas, 7 de cada 10 tripulantes muestran algún signo de un síndrome ocular propio del vuelo, y casi 2 de cada 10, un cuadro que preocupa a los médicos.

Aun así, el récord de la NASA en un solo vuelo es de Frank Rubio: 371 días seguidos fuera, hasta septiembre de 2023. Una misión a Marte pide casi dos veces y media eso. Lejos del escudo magnético de la Tierra, y sin una nave de vuelta a unas horas de casa.

La cabeza también se ensayó. En Moscú, seis voluntarios se encerraron en una nave de mentira durante 520 días, lo que duraba su viaje a Marte simulado. Salieron el 4 de noviembre de 2011, sonriendo. Pero aquello fue en tierra firme: sin radiación, sin ingravidez, y con la puerta al alcance de la mano.

Volver, el problema por el que casi nadie pregunta

Supón que el cuerpo aguanta y llegas. Ahí empieza el problema por el que casi nadie pregunta: volver.

Mientras viajabas, la Tierra, que corre por dentro, te ha adelantado. Para tomar el camino barato de regreso hay que esperar a que los dos planetas vuelvan a ponerse en su sitio, esta vez al revés. En el plan de referencia de la NASA para ir a Marte, esa espera dura unos 500 días en la superficie.

Novecientos días. Unos seis meses de ida, cerca de año y medio en Marte y otros seis de vuelta. Es la misión entera que la NASA recomendó.

Quien se despida de una hija de cinco años la vuelve a ver con siete y medio.

Ir más deprisa a Marte no es lo difícil. En 2006, New Horizons cruzó la órbita de Marte 78 días tras despegar. Pero pasó a 299 millones de kilómetros del planeta, el doble de lo que nos separa del Sol, y no frenó.

Frenar es lo caro. El orbitador que la NASA lanzó a Marte en 2005 despegó con más de la mitad de su masa en combustible, y la maniobra para quedarse en órbita pedía cerca del 70 por ciento de ese combustible.

Y para volver hay que despegar de Marte. La NASA calcula que cuatro tripulantes necesitarían unas 25 toneladas de oxígeno solo para quemar el combustible del cohete: lo que respira un astronauta en unos 88 años.

Por eso la NASA probó a fabricarlo allí: el experimento MOXIE, a bordo de Perseverance, sacó oxígeno del aire de Marte. En dieciséis pruebas, 122 gramos: lo que respira un perro pequeño en diez horas.

Un bloque dorado rodeado de tubos blancos, cables y conectores, dentro de la estructura de un vehículo.
Fotografía de MOXIE, el instrumento dorado que sacó oxígeno del aire de Marte, ya instalado dentro de Perseverance, en la Tierra, antes del lanzamiento. Crédito: NASA/JPL-Caltech (dominio público).

Su mejor ritmo fue de 12 gramos por hora, el doble de la meta de la NASA. Para las 25 toneladas del regreso, habría que repetir todo lo que hizo más de 200 mil veces.

Volver es tan difícil que de Marte no ha vuelto todavía nada de lo que mandamos. Ni siquiera las muestras que Perseverance guardó en tubos sellados para buscar rastros de vida antigua: siguen allí, esperando una nave que vaya por ellas. Y el plan para ir por ellas, la NASA ya lo escribe en pasado: en su página, la campaña con la agencia europea para traerlas fue una propuesta.

Lo primero que vuelva puede ser un puñado de Fobos, una luna de Marte. La sonda japonesa MMX tiene previsto traer más de 10 gramos, en un viaje de ida y vuelta de unos cinco años.

Bajar, y la fecha que nadie escribe

Y antes de volver, hay que bajar. Perseverance entró en el aire de Marte a casi 20 mil kilómetros por hora, y unos siete minutos después estaba quieto en el suelo.

Según los cálculos previos de la NASA, su escudo de calor llegaría a unos 1 300 grados. Y casi cuatro minutos después de entrar, a su espalda se abrió el paracaídas. Tras soltar la coraza, 80 segundos y unos 2 100 metros más abajo, una grúa sostenida por cohetes lo bajó colgado de cables. Las ruedas tocaron el suelo a menos de 3 kilómetros por hora: a paso humano.

Lo hizo solo. Cientos de pasos tenían que salir perfectos y a su hora, y su señal tardaba más de once minutos en llegar a la Tierra: cuando el equipo supo que entraba en la atmósfera, el rover ya estaba abajo. Al día siguiente, una cámara en órbita fotografió el lugar: el rover en el centro y, a su alrededor, el escudo, el paracaídas y la etapa de descenso, estrellada a una distancia segura.

Perseverance pesa unos 1 050 kilos y mide tres metros. Antes de Curiosity, ningún aterrizaje logrado en Marte había posado más de 600 kilos. Y al diseñar Curiosity, de unos 900, la NASA escribió que esa nave llegaba al límite de la técnica que sabía usar. Para una tripulación, el mismo plan pide posar 40 toneladas de una vez. Unos 38 Perseverance en una sola bajada. Nadie ha demostrado todavía cómo se hace.

No es la primera vez que alguien le pone fecha. El 4 de agosto de 1969, quince días después de que el Apolo 11 se posara en la Luna, Wernher von Braun presentó su plan a un comité del gobierno de Estados Unidos. El documento sigue en los archivos de la NASA, con su frase: un método para posar hombres en el planeta Marte en 1982. La tripulación pasaba unos 80 días junto a Marte, y el regreso daba la vuelta por Venus. El plan nunca se aprobó. Lo que salió de allí fue la necesidad de un transbordador reutilizable.

Desde entonces se repite que un motor nuclear acortaría el viaje. El plan de referencia de la NASA lo estudió a fondo, y su ida seguía durando unos seis meses: el motor nuclear no acortaba el camino. Aligeraba la nave, de 1 250 toneladas a 825. Y DRACO, un proyecto de ese motor de la agencia de investigación del Pentágono, se canceló en julio de 2025: lanzar cohetes se había vuelto más barato.

Lo que sí tiene fecha es robótico. La NASA anunció para finales de 2028 una nave con un reactor nuclear a bordo, rumbo a Marte, y para ese mismo año, el lanzamiento del rover europeo Rosalind Franklin. Para personas, en los documentos de la NASA consultados para esta historia no hay todavía una fecha oficial.

Lo que sí está escrito es el calendario del cielo. Una puerta a finales de 2026, la siguiente entre finales de 2028 y principios de 2029, y así cada veintiséis meses, sin prisa.

Mientras esperamos, las máquinas nos devuelven la vista desde Marte. En 2014, Curiosity vio la Tierra al anochecer, con la Luna al lado: según la NASA, alguien de pie en Marte distinguiría a simple vista dos estrellas de la tarde.

Un cielo gris de anochecer sobre una línea de colinas oscuras; la Tierra y la Luna son dos puntos diminutos sobre el horizonte.
Fotografía de la cámara Mastcam de Curiosity, del 31 de enero de 2014: el cielo de Marte al anochecer, con la Tierra como el punto más brillante y la Luna justo debajo. Procesada para quitar los impactos de rayos cósmicos. Son dos puntos diminutos sobre el horizonte, a la izquierda del centro. Crédito: NASA/JPL-Caltech/MSSS/TAMU (dominio público).

En 2016, una cámara en órbita la retrató a 205 millones de kilómetros, y en el centro se distingue Australia. Desde la Voyager, a 6 mil millones, no llegaba a un píxel.

Sesenta años de máquinas nos han enseñado el camino: media vuelta al Sol, unos siete meses, una puerta cada veintiséis. Lo que falta es la otra mitad. Ir es una cuenta. Volver es una espera, y un cuerpo que tiene que aguantarla.

Por eso Marte sigue sin una sola huella. No está demasiado lejos. Lo que todavía nadie sabe hacer es volver.

Cómo se hizo esta historia

Esta historia sale del mismo trabajo que el documental de Sidera Cosmos: un guion propio, escrito y verificado dato por dato, contado aquí para leer. Guion, datos y decisiones: artesanales. Narración sintética dirigida línea a línea. Escenas sin registro fotográfico: recreación propia del canal. Las imágenes de esta página son fotografías y visualizaciones oficiales de las agencias y observatorios que las firman, con su crédito al pie de cada una.

Lámina descargable

“Ir y volver de Marte: la ficha de una página”. Es un PDF gratuito que se descarga desde la carpeta pública de Sidera en Google Drive.

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